23 de septiembre de 2016

Segundo asalto

Segundo escalón. Segundo asalto. Mucha vida por delante, decenas de objetivos y metas por cumplir. Balón en los pies, bolígrafo en la mano y a seguir. A seguir creciendo. Soñando, imaginando, cumpliendo. A trabajar por lo que quiero, de lo que quiero. A intentar cambiar el mundo con palabras y hechos. No basta con quedarse quieto. Aprender, sentir que valgo para esto. Rodearme de los mejores, no recaer y mantenerme en pie. Levantarme y mirarme al espejo. Y decir: Yo valgo, me quiero y me respeto.

17 de agosto de 2016

Entre jaulas

El mundo se ha vuelto completamente loco. Pantallas teledirigiendo nuestras vidas a todas horas. Teclas y más teclas. Sonidos. Mensajes. Emoticonos. Ojos pendientes de una luz. Manos atadas. Arrastramos cadenas invisibles. No nos damos cuenta de las rejas que nos ponemos. Al sonar la alarma que nos indica que somos un número más en el mundo ya estamos atrapados. Nos vestimos con el uniforme propio de otro sujeto más. ¿Corbatas roja o azul? Y de nuevo entre cuatro paredes. Le damos al botón y encendemos la caja. Aparece la realidad. Hambre, miseria, guerra. "Por favor, hijo, hazme el favor de cambiar." Escondiendo nuestros ojos del mundo de verdad. La sonrisa solo sale al abrir un regalo con un iPhone dentro, solo sale al vestir las zapatillas de Nike. Todos movidos por las marcas, todos movidos por el pico de esta gran pirámide que tiene como base gente ciega y sin ningunas ganas de quitarse la venda. 

Corta el hilo

No me paro a pensar en lo que sería la vida sin esos momentos de tristeza. Aquellos en los que quizá te pillan debajo del cabezal de la ducha, frente a tu ordenador, o incluso, y peor, entre un grupo de gente. Esos mismos momentos que a veces nadie encuentra un comienzo, una causa, un motivo para justificarlos. Alguien que conozco los suele llamar locura, trastorno bipolar, depresión... No sé. Yo prefiero no poner nombre, no me quiero comer la cabeza con eso. Ya bastante tengo con sentir esa presión en el pecho, esos pensamientos en la cabeza, y ese bajón recorriendo mi cuerpo. No llego a llorar, es raro ¿no? Suelo pensar que esa tristeza me llevará a valorar la alegría. Cuando llegue. Si es que llega. Esa tristeza que viene en forma de brisa, pero se queda en mí como una tormenta. Pasa, pero siempre deja la huella. Los de alrededor no lo notan, pocos son los que lo hacen. Los que se dan cuenta no tienen ganas de hacer que nada cambie, los que se dan cuenta, quizá, son los que más me miran. Aquellos que se fijan en mis andares, en mis gestos o en el plato de comida. Nunca un "qué tal", nunca una pregunta. ¿Para qué? De mi boca no saldrá un mal, solo sé mentir. Mentir para parecer feliz, para sentirme como una más en este mundo de marionetas que no saben hacer otra cosa que fingir.

14 de agosto de 2016

Nadando por el Sena

Sigo estando, sí. Pero a la vez me he ido. He recorrido un camino distinto. He cogido aviones, con destino, me he abrochado fuerte el cinturón con una esperanza en el bolsillo y dos maletas en el compartimento superior. No, la tristeza no ha tenido cabida en ninguna. He visto el amor en París, los versos mojados nadando por el Sena y hasta al recuerdo despidiéndose de mí en bicicleta por el Campo de Marte. La Gioconda siguiéndome con la mirada, de invitada en Las bodas de Caná y cortando un brazo a la Venus de Milo. No me preguntéis qué viví, que no me acuerdo. Solo un viaje de ida y vuelta pero sin regreso. No digáis de mí que no he sentido por el hecho de no contarlo. Presumid de seguir vivos, sin que el amor, aún, os haya atrapado. Disfrutad, amigos. Disfrutad de un sentimiento, que aún sabiendo nombrarlo, nunca lo habéis sentido.

7 de abril de 2016

Como un niño

Estoy estudiando Ciencias de la Comunicación con una concentración en periodismo. El semestre pasado, en la clase de "Freelance Writing" (escritor independiente), el profesor nos mandó hacer un trabajo en el que teníamos que explicar qué nos llevaríamos en una mochila a cualquier parte. Mis compañeros escribieron cosas mundanas que solemos oír, como mi teléfono, una manta, o una botella de agua. Pero mi escrito fue diferente:

"Voy hacia atrás. Atrás en el tiempo. Voy hacia cuando era una niña pequeña. Cuando era simplemente feliz, tan solo porque no conocía otra palabra para describir mis sentimientos. No poseía la horrible oportunidad de sentirme distinta. ¿Qué es la tristeza? ¿Qué es la ansiedad? ¿Qué es el pensar de más? Esa es la suerte de ser una niña pequeña. Esa es la suerte de ser inocente.
Cojo una mochila para llevarme en el camino. ¿Qué contiene? ¿Qué cojo para ir al pasado? Podría coger un montón de cosas. Podría coger mi pelota favorita, mi diario, un bolígrafo, algunas fotos con mi familia y amigos... No, no voy a hacer eso. Hay muy poco espacio en la mochila como para coger esas cosas.
Tengo una idea. He tomado una decisión. Voy a dejar mi mochila vacía. No voy a coger nada.
¿Qué necesito para volver atrás en el tiempo? ¿Qué necesita un niño pequeño? Nada, nada de nada. Tenía una sonrisa en la cara cada segundo del día. No importaba lo que tenía en mis manos. Tan solo sentía felicidad rodeando todo mi cuerpo.
Voy a llevarme la mochila vacía para traer toda la felicidad al presente de nuevo. Voy traerme conmigo toda la felicidad que pueda. Para ser capaz de tener esa gran sonrisa otra vez. Para sentirme nuevamente como un niño pequeño."


I’m studying Mass Communication with a concentration in journalist. Last semester, in the Freelance Writing class, the professor asked for a long essay in which we had to explain what would we carry in a backpack to anywhere. My classmates come up with the typical things we are used to hear, like my phone, a blanket, or a bottle of water. But my essay was different:

"I’m going back. Back in time. Back to when I was a little kid. Back to when I was just happy, because I didn’t know other word to describe my feelings. I didn’t have the horrible chance to feel different. What was sadness? What was anxiety? What was overthinking? Who knew? That’s the luck of being a little kid. That’s the luck of being innocent.
I’m taking a backpack for the journey with me. What’s in it? What am I grabbing to go to the past? I could take a whole bunch of things. I could take my favorite soccer ball, my diary, a pen, some photos with my family and friends… No, I’m not going to do so. There’s so little space in a backpack to take those things.
I have come up to an idea. I have taken a decision. I’m going to leave my backpack empty. I’m not going to take a thing with me.
What do I need to go back in time? What does a little kid need? Nothing, nothing at all. I had a smile on my face every single second of the day. It didn’t matter what I had in my hands. I just felt the happiness surrounding my whole body.
I’m going to take my backpack with nothing inside to take all that happiness back to the present. To take as much happiness as possible with me. To be able to have that big smile back. To be able to feel as a little kid."