12 de septiembre de 2018

Veintidós

Me parece extraño que dos patos sientan Soledad de cerca. Que caminen delante de ella sabiendo que les persigue y, sin echar la vista atrás, convivan a su sombra, a su paso, moviendo el pico sin hablar. Veo el mundo raro, de verdad. Las sumas no concuerdan. Dos eran uno, a veces cero, y rara vez sumaban cuatro. Puede ser que nunca aprendiera de números, pero creo que para esto no hace falta. Solo existe el mirar, el observar el objeto del amor esfumándose aún cuando éste permanece. El sentirlo. Ese sentido que va más allá de la vista, hasta supera al tacto. Tampoco se huele. No hay otra palabra. No, no hay palabras. Si no hay lenguaje, ni números, ni apenas signos de interrogación… ¿qué hay? Que diga… punto. Veintidós.

30 de junio de 2018

La raíz del soneto

Quizá sea eso. Un mero mar de versos perdidos por las aguas del quizá. Los ríos que se encaminaban a un mar muerto y se han evaporado cayendo en otro océano de calma y a veces tempestad. Aquella barca encallada ya no tiene donde remar. Ha cambiado, ha zarpado - en sueños - hacia el lugar ilógico del que nunca sabe de nada pero le echa corazón y arrojo. Quizá sea eso, sí. Que lo lógico de la duda se haya convertido en verso. Que aquellos números primos hayan pasado por la raíz del soneto. Tampoco sé cuando aprendí sobre ello. Ni tan siquiera cómo. ¿Debajo de qué flexo? No estaba rodeada, tan solo por los cuentos en una cabeza capaz de apostar por un imposible a base de espejismos, manidas ideas sin tan si quiera un sueño. Todo se explicaba con reglas, ¿qué va a ver distintas soluciones si estamos hablando de ciencias? Eso es, ante el espejo una niña que veía en clave de x, cuando en realidad era y, otro tema, otros tiempos. Cambios de miradas, cambios de forma ante el espejo. Con la vergüenza de la que un día quiso construir puentes, sillas y puertos, con el orgullo de ser capaz de más que todo eso. Con el orgullo de construir consciencia cuando ni tan si quiera la tengo. Con la pasión de encaminar una vida con bases divisibles en muchos puntos sin un mismo destino ni momento. Quizá el porqué se quedó clavado en esa mesa, en el verde que te quiero, en un asesinato furtivo de orgullo basado en la tempestad de la guerra y el miedo. Quizá la razón nunca sea eso y se convierta en el arjé disfrazado de meta o simplemente en el motivo de salida de escape de una vida que nunca supo ni quiso basar su comienzo en las letras de un mundo que reza por ser explicado a base de ecuaciones sin dejar volar una mera pizca de sentimientos.

26 de mayo de 2018

Guarda el verso que corre el tiempo

No te gires si regreso a tu mente.
El pasado se quedó al otro lado.
Mas allá, lejos, en los mundos crueles,
donde los que aman son los cuerdos faltos.

Tampoco es diferente en el mundo este,
en un lugar al cual siempre tasamos,
que los que se retiren o se cuelguen,
llenen de tópicos a los impávidos.

Los ciegos piensan en divisar puentes,
los mudos son ventrículos payasos,
los cojos corren tras tiempo fulgente,
los mancos se mueren por tirar dardos.

Mientras tanto guárdate tras el frente.
Aterriza. Cuida de los disparos.
Guarda el verso bajo la pluma, Bécquer,
que muere el serventesio asonantado.

12 de mayo de 2018

Salvavidas

Te suspiro siempre vida,
por el año ya pasado,
por un futuro a tu lado
alzado en alas floridas.

Te recuerdo en luz batida
por el camino ya andado,
por un secreto sembrado
arado a sangre caída.

Te amo lejos y sin huida,
por el mundo perturbado,
por un lugar siluetado
tallado en alma zurzida.

Te quiero en la recaída,
por delante del estrado,
por el cielo más nublado,
estrellados contra el suelo...


mi amor, mi paracaídas.

12 de agosto de 2017

Mundo animal

El pequeño niño que se separó de la cuna crece ahora entre leones, serpientes y arañas. "La selva no está preparada para mí," piensa. Pero, ¿habrá pensando si él está preparado para ella?
Intenta escalar las montañas más altas, alcanzar los árboles con más frutos, cruzar los ríos más peligrosos y profundos. Hubo un día que dijo que no le importaría colgar de una rama en el punto más peligroso del Nilo. Ahora puede, pero no se da cuenta de que el miedo se ha convertido en pánico, no hay placer, hay dolor, hay peligro, daño. Ahora le acecha el hueco del sinsentido, de los sentimientos, el recuerdo de que un día no pudo. No tenía ni idea de lo que llegaría a ser salir de su zona de confort. Lo veía como una aventura maravillosa, solo alegría, victorias, se olvidó de las espinas en las rosas, arco iris, corazones y margaritas... todo sonrisas.
Pasó de mirar el árbol desde abajo, en tierra firme, a ver cada rugosidad intentando alcanzar la copa. Desde el suelo no advertía los gusanos haciendo su casa en la corteza del árbol. Las hojas que caían en otoño las fotografiaba, ahora, al trepar, le caían en la cara estorbando en su mirada. Todo el tiempo miraba hacia abajo, al pasado, recordando momentos de cuando veía aquel árbol florecer y soñaba con treparlo. Aquellos recuerdos en los que se veía juzgando a otros niños que no podían subir a un manzano.
Se vistió en su piel, se atrevió a trepar, a soñar. No sabe cuando llegará a la copa, ni el sacrificio que le costará. Pasará sequía, se secarán las hojas, verá la ciudad teñida de blanco y niños al fuego de la chimenea. No importa. Mirada arriba, meta en la copa. El pequeño niño no solo sueña con un tiempo en el que la primavera haga florecer su escalada. Hace de cada estación una sonrisa, de cada caída una moraleja, de cada gusano un amigo, de cada paso un camino. De la cima, el objetivo.
"Estoy preparado para la selva," se atrevió a gritar.