8 de junio de 2014

Aprendiendo a despedirme

Hoy ha sido un día difícil. De esos días que nunca esperas que llegue, y lentamente ha llegado. Me he levantado como siempre, un poco de estudio, comer pronto pasta y después a prepararse la bolsa... Momento que parece insignificante antes de cada partido pero que en él se te pasan miles de cosas por la cabeza. Te das cuenta que es la última vez que metes esas botas, no para siempre, sino para jugar un partido defendiendo los colores del Atlético de Madrid... las últimas espinilleras, la última camiseta para el calentamiento, el último bote de laca... No es ninguna tontería. Llega la hora, partes al campo. Me monto en el coche, me acompañan mi padre y mi madre, los que siempre me han aguantado y llevado a todos los sitios... Les pido Macaco para ir al partido con buen rollo (siempre es Macaco o Mago de Oz). Suena  Puerto presente y me grabo cantando, por si la memoria no recuerda todo. Llego, Móstoles, calor inhumano, pero ya están muchas sonrisas esperando. Está mi equipo, con el que he luchado este último año codo con codo. Me siento, charlas con mis compis y al vestuario. Nada más entrar miro alineación, estoy dentro del once. Cojo mi camiseta con su dos atrás bien colocada junto al pantalón, miro la talla, como siempre, para que sea el que quiero. Todo parece normal... Me visto, cambio de pantalón, camiseta de entrenar, sujeción de espinilleras, medias, botas (esas Copa Mundial con las que voy al fin del mundo)... Me peino con tres kilos de laca y charla. "Disfrutad", dice el míster... y yo en mí cabeza lo recuerdo una y otra vez, cada partido, cada balón tocado, ¿cómo no voy a disfrutar hoy?, me sería imposible. Salimos al campo a calentar, un poco de carrera y ya mis compañeras recordándome el día. Movilidad, estiramientos, pases y pequeña posesión, no me salía nada. Nervios fuera y listo. El árbitro quiere hablar con la capitana, voy, lo de siempre: fuera pendientes, pulseras y ni una protesta... En el camino hablo con el delegado, le digo que aún no me lo creo, que no asimilo que estoy en mi último partido con este club, después de tantos momentos. Me dice que no lo asimile hasta que pite el árbitro el final, gran consejo. Vestuario y cambio de camiseta, la rojiblanca, esa que tantos quebraderos de cabeza me ha dado, por la que tanto he luchado, la que siempre he defendido. El delegado confía, me pone el brazalete, pregunto si estamos a mis compañeras y salimos al campo. Fila, aplauso, foto y grito. "El último" resuena en mi cabeza. Saludo al árbitro, a la capitana del otro equipo, varío y pido cruz. Sale cruz, elijo campo. De vuelta a mi sitio choco con mis compañeras, todas diciéndome: vamos Lau. Confían en mí, yo confío en ellas. Empieza y ahí no puedo explicar nada. Todo muy deprisa. Es lo bonito del fútbol y por otra parte lo jodido. Lo mejor siempre siempre pasa deprisa. El dolor es como un túnel largo y negro. Piiii, piiiii, piiiii. Final del partido, no sé si echarme a llorar o esconderme bajo el verde. Estiramos y para el vestuario. Entro y me hago unas cuentas fotos con mis compañeras. Me pretendía meter a la ducha y me dicen que diga unas palabras, imposible, tierra trágame. Me dicen que no me duche que el míster quiere decir algo por ser el último partido de liga. Hago caso, me siento. De repente entran dos compañeras con algo, se me cae el mundo encima. Una lágrima ya ha tocado el suelo. Me dan una camiseta del Atleti y una enorme tarjeta, la abro. Muchas líneas tiradas, muchas más lagrimas caídas. Me piden que lo lea en alto. Empiezo, paro, y balbuceo que me es imposible. Ríen entre lágrimas, intento seguir. Termino esas grandes palabras entre millones de lágrimas, parándome cada dos por tres. Esas palabras recogían muchos momentos y sentimientos. Al acabar me vienen a abrazar una a una, no podía más. El delegado me dice: grande capi. Me quedo con eso, con cada sonrisa que he sacado, con cada momento en que he hecho disfrutar a la gente, tanto por mi fútbol como siendo yo fuera del verde. Me ducho, me visto y para casa... "Laura, tranquila. No pasa nada, otra etapa finalizada." Me digo y me repito... Una gran etapa con gente maravillosa... Tras estos largos nueve años he aprendido muchísimo, me he intentado siempre rodear de la mejor gente posible. He tomado prestado consejos y los he puesto en práctica. Gracias a vosotros soy ahora quien soy. Ha habido mucha gente que me ha visto crecer -como persona y jugadora-, y otra tanta que se ha ido uniendo por el camino. Empecé en el Benjamín con tan solo 8 añitos... y ahora, con 17 digo adiós. El camino no ha sido nada fácil, muchas veces he querido tirar la toalla y otras tantas me he tenido que levantar de caídas, pero aquí estoy, sigo amando este deporte con la misma ilusión con la que empecé a los 6 años, en un campo de tierra y con una camiseta amarilla, defendiendo otro equipo. Importante el apoyo de muchas compañeras que no hace falta ni mencionarlas, no se me olvidan nombres de la gente con la que empecé, ni mucho menos de las que ahora han estado a mi lado. A las que se fueron, mi camino se juntó con el vuestro, y me habéis aportado trocitos de vida. A las que siguen, mucha fuerza, paciencia y confianza, esa es la clave. Confiad en vosotras mismas y en vuestras posibilidades. Por favor, luchad cada balón como si fuera el último por hacer este club grande. Cuando gire mi cabeza hacia atrás quiero veros alto. No soy ni mejor ni peor, ni si quiera soy especial, simplemente una de las tantas que decide partir. En este club espero siempre encontrar un trocito de Madrid. Gracias y hasta siempre... Que nadie diga que no podéis hacer algo, soñad.

Y supongo que sí... Crecer es aprender a despedirse. Luchamos por darle a nuestro sueño el espacio que se merece.

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